La luz y el viento te seguían, porque querían moldear su baile con tu figura.
Tu nombre
persiste en la orilla entre el despertar y el dormir, donde mis defensas son
bajas y mis deseos grandes.
Temo la
noche porque temo decir tu nombre.
Temo la
debilidad de la mañana porque siento tu presencia en los últimos segundos de la oscuridad.
